El derrocamiento de Evo Morales en Bolivia es un retorno a las “guerras sucias” en América Latina

 

Un presidente está acusado de superar los límites constitucionales para poder postularse por otro mandato. Por fin sus enemigos ven su oportunidad. El ejército y la Policia lo sacan no solo del palacio presidencial sino que lo fuerzan al exilio. Luego, sus rivales de derecha nombran al sucesor de su elección, sin el debido proceso, violando el estatuto de la nación una vez más. La Casa Blanca se compromete a reconocer al sucesor a pesar de las protestas masivas y la indignación internacional y … ¡bang, zap, así como así!—el golpe es legítimo.

Tal fue el guión utilizado por oligarcas y generales de extrema derecha para derrotar al presidente democráticamente elegido de Honduras, Mel Zelaya, en 2009. Y esos mismos eventos se desarrollaron de manera extrañamente similar en Bolivia este noviembre, cuando los militares y los ricos líderes de la oposición depusieron al presidente Evo Morales, lo calificaron de “terrorista” y lo obligaron a huir del país temiendo por su vida.

De hecho, este es un patrón muy antiguo en América Latina, donde la extrema derecha y sus aliados en el alto mando militar toman el poder con la bendición de Washington porque, parafraseando una línea atribuida al presidente Franklin Roosevelt, pueden ser hijos de puta, pero son “nuestros hijos de puta”. El resultado en la década de 1970 fue una serie de “guerras sucias” que involucraron abusos masivos de los derechos humanos por parte de regímenes militares con o sin fachadas civiles.

El propio Morales calificó el movimiento contra él como un “golpe astuto y nefasto”, mientras que los perpetradores trataron de enmarcarlo como una “transición democrática”, incluso cuando el país descendía al caos.

“Cuando los militares intervienen en la política de su país y obligan a un presidente electo a renunciar dos meses antes de que termine su mandato, eso es un golpe militar”, dijo Jake Johnston, investigador principal del Centro de Investigación de Políticas Económicas (CEPR) con sede en Washington, en un correo electrónico a The Daily Beast.

“El que Morales apenas haya podido salir del país y evitar el arresto o la muerte, y que solo se haya salvado debido a la intervención del gobierno mexicano, deja en claro la gravedad de la situación”, dijo Johnston.

Bret Gustafson, un experto en Bolivia en la Universidad de Washington en St. Louis, calificó las acciones de los militares como “absolutamente horribles.”

“¿Te imaginas que el General Mark Milley, el presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, saliera a la televisión y sugiriera que Trump renuncie?”

Como en el caso de Honduras, después del golpe Bolivia ha sido barrida por protestas y contraprotestas y violencia militar y policial en las últimas semanas. En total, más de 30 personas han sido asesinadas, muchas de ellas en “masacres por las fuerzas de seguridad del Estado”, según Johnston, quien también cita informes de grupos de derechos humanos de “amenazas y ataques a periodistas, detenciones arbitrarias y abusos judiciales”, como la misma OEA lo indica en su informe

Sin embargo, el presidente Donald J. Trump ha respaldado al gobierno de facto durante toda la crisis, al igual que el presidente Barack Obama y la secretaria de Estado Hillary Clinton hicieron cuando Zelaya fue expulsado, “La administración Trump es terrible en esto”, dijo Adam Isacson, director del Programa de Supervisión de Defensa en la Oficina de Washington para América Latina (WOLA).

“Si el gobierno en cuestión es de derecha, la Casa Blanca lo felicita cuando politiza a los militares, por ejemplo cuando reprimen protestas. Si el gobierno es de izquierda, como en Venezuela, la Casa Blanca insta a los militares a actuar de manera politizada contra el régimen civil “, dijo Isacson.

Quizás lo más preocupante de todo es que los eventos en Bolivia no están aislados, sino que llegan en un momento en que la fuerza militar ha sido utilizada contra manifestantes pacíficos en varios países de América Latina, lo que conduce a un patrón de militarización regresiva que recuerda el pasado violento de la región.

“Áñez y Camacho son hijos de Pinochet”, dijo el profesor de historia de Yale Greg Grandin, haciendo referencia al notorio dictador chileno. “Todo sobre ellos parece un retroceso a la década de 1970, excepto que no sienten ninguna compulsión para disfrazar su racismo y su dedicación al saqueo. Grandin agregó que “para la clase que representan, el poder es un derecho exclusivo de los cristianos blancos.”

El antropólogo de la Universidad de Washington Gustafson estuvo de acuerdo: “Tanto Añez como Camacho representan a la oligarquía” y “tienen una larga historia de racismo y paramilitarismo, por lo que el hecho de que ahora estén a cargo es ciertamente aterrador”, dijo. “Están usando el cargo para reorientar la política económica del estado de manera que privilegie los intereses de la élite adinerada.”

Isacson, de WOLA, escribió recientemente un informe que establece que el golpe de Estado boliviano, así como otros reveses democráticos y represiones en Chile, Venezuela, Guatemala, Colombia y Honduras, son parte de una tendencia continua hacia la militarización en las Américas.

En el informe, Isacson advierte que el “péndulo está retrocediendo rápidamente” hacia los días en que muchas naciones fueron gobernadas por juntas militares o regímenes de derecha con poco disfrazados estrechos vínculos con las fuerzas armadas.

El crecimiento económico en América Latina se ha estancado durante la última década, al igual que la fe en los sistemas políticos contaminados por la corrupción y el dinero de las drogas. Eso significa que los políticos van a ceder el control a los militares a medida que se desplieguen tropas para anular levantamientos masivos, usando soldados “para ‘defenderse’ contra su propio pueblo, viéndolos como amenazas a la seguridad nacional”, según el informe de Isacson

“El problema es que los militares en muchos paises continúan manteniendo a los civiles sujetados con una correa, que aprietan cuando piensan que los civiles se han salido de control”, dijo Isacson a The Daily Beast.

“Los líderes necesitan fortalecer las instituciones democráticas civiles para que puedan liberarse de la hegemonia militar” y no “cooptar a los militares” para proporcionar “apoyo político al régimen”, dijo. Grandin de la Universidad de Yale. También dijo que la crisis boliviana podría tener implicaciones de gran alcance, tal vez sentando un precedente peligroso para el futuro de la región.

“El efecto del golpe se extenderá más allá de Bolivia, en proporciones que aun no podemos saber”, dijo, “pero el aumento de la militarización de America Latina es seguro.”

27 de Diciembre 2019

Traducido de: The Overthrow of Bolivia’s Evo Morales Takes Us Back to Latin America’s ‘Dirty Wars’

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